domingo, 26 de enero de 2014

Carta abierta a Fátima Bañez y Ana Mato

Muy señoras mías:

Me dirijo a ustedes en esta carta abierta que trataré de hacerles llegar a través de algún medio de comunicación o red social ya que de otro modo imagino será imposible contactar sus señorías.
Les escribo para alertarles de algo que quizá no se han percatado y es qué me sorprende que les preocupe tanto la vida de los no nacidos cuando la de los que ya estamos aquí no parece importarles demasiado. Como digo, les escribo porque quizá están ustedes errando sin ser conscientes de ello y dado que les elegimos para que trabajasen por nosotros, por los que ya estamos aquí, me veo en la obligación de presentar mis discrepancias ante algunas de sus actuaciones.
Son muchas las cuestiones que a mí me preocupan pero creo que hay dos pilares sociales básicos que no deben ser cuestionados jamás: la educación y la sanidad. Ambas, bien gestionadas, son garantía de redistribución, igualdad y progreso, entre otras cuestiones importantes para un país.  Sin embargo, y en lo que a ustedes respecta, creo que no compartimos la misma visión de lo que sería un sistema socio-sanitario deseable.
Primero fueron los inmigrantes ilegales; fueron ellos los primeros en perder el derecho a una asistencia sanitaria digna y sin matices. Me indignó y entristeció a partes iguales y tuve la certeza de que eso sólo era el principio. Aquella medida hubo quién incluso la vio con buenos ojos: “Si no eres español no tienes derecho a sanidad en España”, decían algunos, “Si son ilegales que los devuelvan a su país”, decían otros. Y ustedes se aprovecharon de esa visión visceral de muchos españoles para desafiar nada más y nada menos que a la Constitución y los Derechos Humanos.
Los españoles somos especialistas en mezclar churras con merinas. No cabe duda que no debería haber ni una sola persona viviendo de manera ilegal en nuestro país, pero ese es otro asunto. La cuestión es que quién se encuentre en territorio español, bajo la figura legal o ilegal que sea, debe ser atendido y tratado por nuestro sistema sanitario. Por cuestiones médicas y de salubridad civil no cabe duda; porque así lo hemos decidido los españoles con nuestra manifestación política en democracia, tampoco; pero sobre todo, por humanidad. Porque todos somos vulnerables de ser víctimas de atrocidades bélicas o sociales, nunca debe fallar la solidaridad entre los pueblos. Quizá faltaron ustedes a las clases de historia donde se explicaba las innumerables ocasiones en las que los españoles hemos tenido que dejar atrás nuestras fronteras; debieron faltar unas cuantas veces porque han sido muchas las ocasiones y no siempre de la manera más sosegada y apacible…
Pero es que ahora ustedes han ido mucho más lejos. Hace unos días anuncian ustedes, qué digo anuncian, ojalá hubieran tenido el valor de salir y anunciarlo, deciden ustedes que aquellos españoles que se ausenten tres meses de nuestro país se quedan sin cobertura sanitaria; con matices sí, pero en definitiva existen colectivos de personas de nuestro país en riesgo de quedar excluidas del sistema sanitario español y no tener derecho a ningún otro sistema sanitario público. Personas que han trabajado en España o son hijos de honrados trabajadores que han dedicado toda su vida a construir este país se quedan excluidos, sin derechos.  Esto ya queda fuera de toda lógica, incluso de la económica. Ya me explicarán ustedes que se ahorran en el corto plazo (el único horizonte temporal que entienden ustedes los políticos) excluyendo de la cobertura sanitaria precisamente al colectivo más joven y sano.  Han metido la pata. La medida no va a ahorrar nada, calderilla para un Estado, pero han causado una herida social porque han dejado excluidos e indefensos precisamente a quien más necesita ahora nuestra ayuda.
En estos últimos días me he preguntado si serían ustedes cristianas. Me lo he preguntado porque sabrán que un buen cristiano, un buen padre de familia, dedica todos sus esfuerzos, toda su energía, hasta el último aliento para ayudar a su hijo más débil, al enfermo… Y sin embargo ustedes, al que está herido socialmente, al que el sistema le ha dicho “Usted aquí no tiene sitio, váyase a otro lugar a ver si allí le dan un plato de comida”, a ése, que se va humillado, cabizbajo y herido; van ustedes y le añaden un peso más a su espalda justo antes de partir: “Ah, se me olvidaba, encuentre usted trabajo antes de tres meses porque de otro modo puede que se quede sin tarjeta sanitaria”. ¿Se han parado a pensar lo angustioso que debe ser eso?, ¿la presión que se debe sentir en el pecho cada día que avanza el calendario sin encontrar un trabajo? Intuyo que no, a tenor de los hechos parece que a ustedes les cuesta ponerse en el lugar de los demás. De tal modo, trataré de ponerles en un escenario que espero les sea más familiar para ver si así son capaces de percibir, al menos por un minuto, algo parecido a lo que sienten hoy miles de españoles. Imagine la Señora Báñez que una autoridad competente con capacidad supranacional se dirige a usted y le dice que o es capaz de reducir la tasa de paro un 3% en tres meses o queda relegada del mercado laboral de cualquier país desarrollado para el resto de su vida. Reconocerá que no he sido duro, sólo un 3%. Por si no ha sacado ya la cuenta, a ese ritmo conseguiríamos acabar con la pandemia del paro en unos 8 años; creo que sobra cualquier comentario adicional...  No seremos duros tampoco con la señora Mato, no le pediremos que su ministerio dé con la solución al cáncer; algo que por otra parte reportaría inmensurables beneficios a la marca España. Algo más fácil: consiga usted que en los tres próximos meses no haya ni un solo afectado más por la gripe A y no haya ninguna muerte entre los ya aquejados de esta enfermedad; de lo contrario, quedará excluida de cualquier sistema sanitario público o privado el resto de su vida, aquí, o en cualquier otro país desarrollado. Entenderá la señora Mato que a usted le tengamos que poner la coletilla de “público o privado” para que conciba la gravedad del asunto.
Pero no se preocupen, obvio es que no existe autoridad competente, por el momento, para exigir algo así, pero es que además los españoles no somos tan malas personas. No les vamos a juzgar por no haber sido capaces de acabar con la tasa del paro, por no haber acabado de un plumazo con todos los dramas que ocasiona una crisis. Somos conscientes de que algo así no depende de una persona ni de un ministerio, pero si les juzgaremos por haber sido o no haber sido buenas personas, por cómo nos han tratado.
Pídannos esfuerzos, pídannos sacrificios, pero no nos humillen. Ya es bastante duro lo que nos está tocando vivir como para que ustedes nos humillen. Permítanos salir a buscar trabajo sin otro  miedo que el de no encontrarlo, o el de no regresar jamás; pero no nos priven del derecho a poder estar enfermos ni desprecien lo que nosotros o nuestros padres hemos trabajado por España. No permitan que nos marchemos ni enfurecidos ni cabizbajos sino arropados por un país que verdaderamente lamenta nuestro éxodo y que como un buen padre de familia siempre guardará algo de lo poco que tiene por si necesitamos volver. No nos priven del derecho de salir de España orgullosos de nuestro país.

Atentamente