sábado, 8 de marzo de 2014

Ahora Rusia, ahora si

Algunos ingenuos creímos que firmado el acuerdo entre Yanukóvich y los opositores llegaba el fin del conflicto en Ucrania, sobra decir que nos equivocamos. Algunos, ingenuos también, creían que la defensa de Ucrania desde Occidente era una cuestión de derechos humanos, de principios y valores. También sobra decir que se equivocaban.

El conflicto ucraniano ha puesto encima de la mesa muchas cosas, algunas incluso positivas: la fuerza del pueblo, la legitimidad real de un Gobierno –o donde radica ésta-, la valentía que aflora en los oprimidos… Pero también ha mostrado la cara más cínica de las economías occidentales. Y es que, no nos engañemos, nadie estaría levantando ningún teléfono para hablar con Putín si el gas que calienta a Alemania no viniera de Rusia y pasara por Ucrania. Es así de sencillo y cruel. A nadie le ha importado lo que ha hecho Rusia todos estos años, mientras no ha supuesto una amenaza para nuestras cómodas vidas. Las economías occidentales hemos cerrado los ojos ante lo que allí ocurría, y me temo que seguiremos haciéndolo cuando todo esto pase, porque Rusia tiene gas y petróleo. Les hemos consentido encarcelar a activistas pacíficos, arruinar a empresarios poderosos contrarios al régimen; hemos cerrado los ojos con ellos ante los ataques homófobos e incluso les hemos premiado con unos JJOO. Y ahora, hablamos de respetar los tratados internacionales, el derecho de los pueblos a elegir su futuro… Cinismo.

El mismo cinismo que acompaña las relaciones con China, los Emiratos Árabes, la India o Suráfrica, entre otros. Miramos hacia otro lado mientras los contrarios al régimen son cruelmente asesinados, las mujeres carecen de derecho alguno, los trabajadores que levantan los estadios donde veremos los próximos mundiales de fútbol son tratados como esclavos, las violaciones se suceden en los lugares públicos sin que nadie haga nada determinante para evitarlo, la distribución de la riqueza adquiere estructuras vergonzantes… Pero son los países que están calentando nuestros cómodos hogares, comprando nuestros productos y ahora también, los dueños de nuestra deuda pública

Y el cinismo se torna desvergüenza cuando la señora Ángela Merkel, hace unos meses -antes de estar preocupada por sus elecciones, sea dicho de paso- se atreve incluso a poner a estos países como ejemplo en lo que a Economía de Bienestar se refiere. Si bien es cierto que no los cito de manera taxativa; de su argumentación pronto se deduce que son referencia para ella. Proclamaba a los cuatro vientos, la señora, que era inconcebible que Europa, que aportaba al PIB mundial un porcentaje del 20% - no recuerdo las magnitudes exactas pero si los términos de la comparación-, tuviera un gasto público que supusiera un 50% del gasto público mundial; que teníamos que reducir decididamente nuestro Estado de Bienestar. EL argumento, puede resultar lógico si uno no lo procesa o si carece absolutamente de conocimientos matemáticos. Sin embargo, reflexionado unos minutos, se advierte rápido el despropósito. Es cierto que nuestro porcentaje de gasto público debería ser mucho menor al que es, pero no porque nosotros estemos sobredimensionados, sino porque los países que más están aportando al P.I.B. mundial no están aportando nada (a penas migajas) al gasto público mundial. Son ellos quienes deberían incrementar el gasto en educación, en sanidad, en derechos sociales… Son ellos quienes deberían tomarnos como referencia y no al contrario como sugiere la señora Merkel.


El conflicto de Ucrania pasará, y nosotros seguiremos mirando hacia otro lado…

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