viernes, 11 de abril de 2014

El ciber juego de Rafa Nadal

A estas alturas del partido a nadie le sorprenden ya las decisiones del grupo Mediaset en general,  y de Telecinco, en particular. Nos han acostumbrado de tal modo a una parrilla de contenidos  tan carente de cualquier tipo de código ético, que hemos normalizado los insultos, las lágrimas y el regocijo en el dolor ajeno hasta hacerlos cotidianos. Hoy, podemos merendar sin que se nos corte la digestión viendo como Raquel Bollo, Ángela Portero o  Chelo García Cortés, son usadas como la diana mediática donde el resto de compañeros lanzan sus afilados puñales. Observamos sin inmutarnos como unos y otros reciben estoicamente dagas dialécticas que al resto de los mortales nos llevarían de urgencia a un centro psiquiátrico, incluso sabiendo que todo responde a un guion previamente acordado.

En esta perversa y tóxica atmósfera donde nos han acostumbrado a vivir –televisivamente hablando-, ha pasado desapercibida la última vuelta de tuerca moral: ahora se han convertido en anunciantes de varias páginas web de juego on line. Escondido entre anuncios de colchones y cortaúñas, tan sólo parece un anuncio más. Sin embargo, no es un anuncio más. En esta ocasión, no le están prometiendo a una señora que adelgazará como ha adelgazado Rosa Benito, ni que dormirá mejor si compra el colchón en el que duerme Jorge Javier… Le están diciendo a miles, a millones de personas, que se gasten su dinero en el peligroso juego de jugar. Están pidiendo, con total impunidad, a millares de parados, jubilados, amas de casa con escasos recursos… que cojan la tarjeta de crédito en la que apenas les queda dinero para acabar el mes, entren en una web y se precipiten a un abismo donde la caída rara vez tiene final feliz. Porque son  precisamente las personas que pasan el día acompañadas de Telecinco el colectivo más susceptible de acabar víctima del juego, son los más débiles socialmente (no por una cuestión de inferioridad intelectual sino por el momento histórico que les está tocando vivir)  

No creo que entre los usos y maneras de estos nuevos anunciantes haya lugar para la reflexión, para el debate interior. Y si lo hay, creo que el resquicio de dignidad que les queda será acallado rápidamente con alguna frase del tipo: “Cada uno con su dinero sabe lo que hace” “Tú no estás poniendo una pistola a nadie” o “Además, que también pueden ganar dinero si tienen suerte” Y aunque sea imposible negar ni uno solo de estos sólidos argumentos, hay, en mi opinión, una cuestión que está por encima de todos ellos; y es que, y  aunque a algunos nos cueste creerlo, hay personas cuyas únicas referencias morales son Belén Esteban o Kiko Matamoros. Por tanto, lo que hagan o digan unos y otros, es “Ley” para miles de personas corrientes. Deberían ser conscientes del gran poder de difusión que tienen y de la responsabilidad que eso conlleva, deberían ocupar aunque nada más fueran diez minutos al día a pensar como están contribuyendo con la  sociedad, qué hacen ellos (además de entretener) para hacer un mundo mejor.

Sin embargo, aunque reprobable, resulta comprensible en todos ellos; justificable desde el punto de vista de la supervivencia mediática, incluso de la supervivencia real.  Ahora bien, cuesta encontrar un argumento lógico cuando el anunciante es Rafa Nadal. En este caso, cuestiones de necesidad (de ningún tipo) no explican una decisión como ésta, y sin embargo, con su colaboración quizá el daño es incluso mayor al que causan las marionetas de Telecinco. Porque para aquellas personas alejadas del ruido de Sálvame, del cinismo siempre redicho de Jorge Javier o del veneno que bombea el corazón de Mila; ver a un referente deportivo y personal como es Rafa Nadal -el mismo que renunció a un avión privado ofrecido por el Estado porque España no puede permitirse un derroche así- anunciando juegos, invita a pensar que lo anunciado no es peligroso ni es adictivo; invita a jugar…


Probablemente existan razones que se escapan a una mente corriente y expliquen el porqué unos y otros alientan a jugar sin tapujos. Porque esto va más a allá de haber cobrado 5 o 50 por el anuncio, más allá de haberlo donado a Cáritas o a ACNUR… Esto es una cuestión de mayor calado, donde 30 segundos pueden tener consecuencias individuales y sociales dramáticas e irreparables.

2 comentarios:

  1. A mi también me chocó el anuncio de Nadal pues el tema del juego y la adicción al mismo no es una broma, pero es que la gente parece que no llega a ese punto de reflexión porque nos cuesta empatizar o somos un poco egoístas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo cierto que en una persona con él, un referente en valores (lo pienso verdaderamente), resulta sorprendente y un poco doloroso. Bueno, nosotros haremos nuestra parte ;-) Un saludo y gracias por dejar tu reflexión.

      Eliminar