domingo, 13 de julio de 2014

La corrupta teoría de los seis grados

Existe un teoría que dice – textualmente según Wikipedia- que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces)… El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera. A esta teoría se la conoce como la teoría de los seis grados.

Por tanto, y siempre de acuerdo con la citada hipótesis,  si usted es una de esas personas que beben los vientos por  conocer a algún personaje famoso, sólo tiene que tirar de contactos. Si se esmera, en cinco movimientos está usted hablando de deportes con María Escario o de las últimas tendencias con Sara Carbonero –si lo intenta al revés creo que quedará profundamente desilusionado-.

Lo que el precursor de esta teoría, Frigyes Karinthy también según Wikipedia, no contempló, es que hay idiosincrasias tales en algunos países, como el nuestro, que hacen que el número de conocidos necesario se reduzca hasta límites insospechados.

Ilustremos esta última afirmación con un ejemplo práctico. Piense el lector en un día cualquiera, el día de hoy, o el día de ayer; piense en una actividad cotidiana, recuerde por ejemplo su paso por la peluquería y centrémonos en sus últimos minutos en el establecimiento: el momento del pago. Quizá necesite hacer un esfuerzo adicional, suele ocurrir cuando tratamos de recordar actos cotidianos interiorizados en nuestra día a día. Pero con un poco de voluntad conseguirá visualizar como sus veinte euros caen directamente en la cartera de la peluquera al tiempo que una libreta de papel se convierte en el único testigo de su paso por allí.  Horas más tarde, el inocente billete junto con otros tantos inocentes billetes sirve de medio de pago al pintor que ha rematado con pulcritud la faena encomendada en casa de la peluquera. El pintor, sin dejar rastro de pintura ni rastro de su paso por allí, se marcha pensando que tendrá que renovar el sobre donde recoge sus pagos, ya está un poco desgastado. Tiene 4 años y medio –recuerda con exactitud-, lo recuerda perfectamente porque es el sobre en el que la constructora donde trabajaba le pago parte de su finiquito, en diferido. Sonríe mientras baja las escaleras pensando que quizá ese mismo sobre, meses antes a su despido, fue y vino de la Castellana a Génova sin llamar la menor atención de nadie.

Y así, sin llamar la menor atención, queda demostrado empíricamente y con total rigor –note el lector la ironía- que sólo harían falta tres personas para que usted pudiera conocer a personajes del calado mediático, por ejemplo, del Señor Bárcenas; por citar a un famoso cualquiera…

La teoría de los seis grados se reduce perversamente en nuestro país.

Y aunque usted sabe que de este modo, su acción individual merma el erario público y por tanto limita el Estado de Bienestar que sin matices reclama; también sabe  que con lo que se ahorra de IVA en la peluquería, compra el pan de toda la semana; que la peluquera, con lo que sisa a Hacienda paga la factura de la luz, y que el pintor, entre pagar la cuota de la Seguridad Social y la matrícula de la universidad de su hija, ha elegido dar futuro a su primogénita y rezar cada noche para no ponerse enfermo.


Sabe usted, que no entiende ni lo más mínimo de economía, al menos de la  que se imprime en páginas color salmón, que mientras el Estado español no revise en profundidad su sistema fiscal, no predique con el ejemplo, no ponga un sistema recaudatorio justo, no adopte medidas disuasorias determinantes, no reparta con equidad la carga impositiva, no tome conciencia de que nos guste o no, nos cueste asumirlo o no, somos una sociedad con un deficiente sentido cívico en materia fiscal –y algo habrá que hacer para solucionarlo-, mientras todo, o algo de eso no cambie; 

sabe usted que la teoría de los seis grados es ciertamente exagerada en nuestro país. 

3 comentarios:

  1. Muy cierto lo que dices de la injusticia del sistema recaudatorio y de la (in)equidad de la carga impositiva, pero para mi lo más importante es lo de que "somos una sociedad con un deficiente sentido cívico". En materia fiscal y en otras muchas.
    Aquí se considera normal engañar: defraudar a hacienda, no pagar el iva, no pedir factura nunca ni a nadie... Parece que el que cumple con sus obligaciones es tonto de nacimiento.

    Ahora, eso sí, todos a una a la hora de criticar cuando se pilla a un "crincón".

    Me parece vergonzoso el "olvido tributario" de Pujol y alrededores, pero quién pueda tirar la primera piedra...
    Porque muchos de los que ahora lo critican, seguro que lo hacen después de bajarse alguna peliculilla de internet, de cobrar en negro más de la mitad de su salario laboral, de no pedir factura más que del móvil de última generación que se acaban de comprar (por aquello de la garantía, únicamente), de no tener dada de alta a "la chica que limpia en casa", de leer el último best-seller sin pagar ni un euro por él... etc, etc, etc.

    Para mi eso se reduce a una sola palabra: hipocresía.

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    1. Hola Paco:

      Comparto todas tus palabras. Lo cierto es que somos una sociedad con un largo camino todo por recorrer, y creo que los principales responsables somos todos y cada uno de los ciudadanos. Con nuestros gestos cotidianos decidimos hacia donde encaminamos nuestros pasos y con ellos lanzamos un mensaje a los representantes políticos de lo que nos importa y lo que no nos importa... Aunque sea una frase manida, tenemos lo que nos merecemos.

      Gracias por tus palabras y por formar parte de este faro.

      Rodrigo

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    2. Tienes razón Rodrigo. Estoy con lo que dices.

      Únicamente desear que algún día (esperemos que no muy lejano) empecemos a "merecernos" otras formas de hacer política. Y otras personas que las lleven a cabo.
      Mientras tanto, ánimo. Y a continuar escribiendo.

      Paco.

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