sábado, 20 de septiembre de 2014

El Ice Bucket Challenge o la vuelta a la beneficencia.

¡Qué difícil resulta a veces volver! Volver a subirse a los tacones, volver a dejarse la piel cada mañana frente al espejo, volver a pelearse para conseguir el último reducto de oxígeno en el metro, volver a ir corriendo a todos los sitios para no llegar a ninguna parte… Es difícil abandonar ese limbo temporal en el que por unos días nos atrevemos a sentarnos al lado de nosotros mismos, de nuestros sueños, de la vida que realmente nos gustaría vivir.

Volver a zambullirnos en las enfurecidas aguas heladas de la cotidianidad es una ardua tarea que se hace más liviana si comenzamos a caminar por la orilla, y poco a poco, nos vamos sumergiendo; así, para cuando queremos darnos cuenta ya estamos rodeados de mar.

Los hay sin embargo, quienes prefieren recuperar la realidad con un cubo de agua helada. Y eso, que un cubo de agua helada no siempre supone un baño de realidad repentina. Este verano, sin ir más lejos, hemos asistido a un fenómeno mediático en el que los cubitos de hielo han servido precisamente de bálsamo social.

Mientras nos hemos entretenido viendo a Cristiano Ronaldo lucir abdominales o a Miguel Ángel Revilla lucir gracejo, nos hemos ido sumergiendo poco a poco, sin darnos cuenta, en aguas heladas. Nos dirigimos peligrosamente hacia un lugar del que salimos hace muchos años y al cual no deberíamos volver: la beneficencia y el mecenazgo.

Apelando a la caridad, a los buenos sentimientos en unos casos, y  a las ganas de lucir torso mediático en otros, los Estados han comenzado a dejar en manos de quien pueda y quiera pagar, cuestiones que son y deberían ser de su competencia.

Merece el reconocimiento y el agradecimiento el gesto a título privado de todo aquel que se suma a pelear contra la pobreza o a favor de la investigación, a través de un cubo de agua, de una portada en Hello o de una transferencia de 20 millones a Cáritas.  Sin embargo, no debemos olvidar qué es responsabilidad de quién y por qué. 

Solucionar los problemas sociales y de escasez es una labor del Estado, destinar recursos a la investigación también (la cuestión es la misma). Lo es porque así lo hemos decido los ciudadanos con la elección de nuestro modelo de estado (el problema es que ahora las economías occidentales no sienten la amenaza del comunismo y ya no ven la necesidad de regalarnos un Estado de Bienestar); y lo es, porque un sistema no puede sostenerse en el tiempo basado en los deseos e impulsos particulares de nadie. Porque en un estado así, estaríamos supeditados a los intereses o debilidades del mecenas. Se investigaría sólo lo que a él o a ella le interesara y se ayudaría a quienes él o ella considerara necesario. Sólo el Estado puede asumir una tarea como esta, solo el Estado puede seguir poseyendo la función paternalista de decidir qué y quién es importante, porque sólo siendo el Estado (democrático y carente de corrupción) el encargado de partir y repartir conseguiremos que las únicas injusticias en el reparto sean la escasez y la perversidad de la regla de la mayoría, que ya son bastantes.