jueves, 23 de octubre de 2014

De la pana de Felipe González a la mochila de Pedro Sanchez


Mi abuelo poseía una habilidad innata para hacer pareados y convertir en jocosa rima cualquier conversación cotidiana. Como todo legado familiar, lo hemos ido heredando las generaciones venideras –curiosamente sólo los varones-, pero como en todo legado familiar, hemos ido perdiendo parte de la fortuna en cada salto dado en el árbol genealógico.  De hecho, creo que yo ya sólo he recibido la capacidad técnica de rimar con cierta ligereza mental, pero no poseo el mayor tesoro de esta herencia: el sentido del humor y la capacidad de síntesis que contiene una frase como la que me dijo ayer mi padre entre risas, “Felipe llevaba chaqueta de pana, y Pedro va con mochila de buena mañana.”

Sólo una mente despierta, ágil, pero sobre todo, a vueltas ya de la indignación, la frustración y del desvelo, es capaz de resumir tanto en tan poco sin entrar en cólera.  Huelga decir, que de esta manera tan sencilla mi padre duda, creo que con bastante fundamento, de cuánto hay de real y cuánto de estrategia mediática en la desenfadada imagen de Pedro Sánchez acudiendo con mochila al Congreso.  Sobre decir, que mi padre, y tantos otros, creen estar sufriendo un patético déjà vu.

Porque en el mismo sillón del Congreso en el que aspira a descansar la mochila deportiva de Pedro Sánchez, descansó un día la chaqueta de pana de Felipe González, y son muchos los que vieron, los que vivieron, los que sufrieron, la certeza de comprobar que la chaqueta era de pana, pero comprada en la calle Serrano . Son muchos los que todavía recuerdan con plenas facultades mentales el engaño que supuso Felipe González. Otros, las preferencias textiles de Felipe ya las juzgamos desde la historia. Mi generación no sintió el jarro de agua fría de la entrada en la OTAN, ni la falta de agallas para acabar con cualquier tipo de privilegio a la Iglesia Católica y convertir este país en un país verdaderamente aconfesional; mucho menos asistimos al comienzo del proceso privatizador de algunas de las empresas más rentables o estratégicas de España.

Son muchos los que todavía vivos, recuerdan la trampa a la que con maestría fueron dirigidos y somos muchos los que ya, desde el análisis histórico, hemos comprendido las consecuencias de la deficiente gestión Sr. González,  los que siempre le reprocharemos lo que no hizo. Tenía un país emergente, efervescente y el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles; sólo él, y en aquel momento, podría haber cambiado las estructuras de España desde la raíz, sin embargo, se dedicó a poner bonita una tierra que ya lo era, que no necesitaba maquillaje y se olvidó de curarla por dentro.

Y ahora llega el Sr. Sánchez y se encuentra con que recibe la herencia fraudulenta y corrupta de un partido al que la inmensa mayoría miramos con recelos. Los más viejos afilan sus garras porque ya sufrieron, en sus ingenuas, tiernas y esperanzadas carnes democráticas, las dentelladas de un lobo camuflado en la piel de un cordero; y los más jóvenes, porque hoy en día las argucias mediáticas son de sobras conocidas por el común de los mortales, y porque las circunstancias nos han llevado a dejar de creer en el sistema político; hemos tenido que dejar de creer para sobrevivir, para no morir de frustración.

Pero de unos y otros, el denominador común es el miedo: el miedo  a descubrir qué esconde la mochila de Pedro Sánchez. Porque no tenemos ni fuerzas ni ganas de soportar un desengaño más. Porque nadie parece atreverse a concluir si hay un farsante disfrazado de político o hay un político encerrado en el cuerpo de un farsante.  Porque cuando le vemos tirado por el suelo del plató del Hormiguero, vemos verdad y espontaneidad, y al menos yo, me siento esperanzado porque un Presiente del Gobierno tiene que saber tirarse al suelo y tiene que saber saltar –recuerden la vergüenza ajena que provocaba ver a Mariano Rajoy saltar en el balcón de Génova-. Porque cómo va a gestionar una crisis, un ataque militar o un atentado alguien que no sabe gestionar sus propios complejos, su propio cuerpo…  Podrá parecer baladí pero no lo es, el futuro Presidente de España tiene que ser ante todo un líder con templanza y arrojo, y eso no se aprende en ninguna Universidad, eso se tiene o no se tiene: es de justicia decir que Pedro Sánchez parece tenerlo a raudales.

Ahora bien, cuando con la que está cayendo, le vemos adentrándose en terrenos pantanosos y demagógicos como dejar  al país sin ejército -ahora, justo ahora-, o declarar funeral de Estado las muertes por violencia de género -por citar alguna perla-: la piel se eriza; y el frío nos hace recordar nuestras ropas de abrigo, y la mente que es así de caprichosa, sin saber cómo, nos rescata del olvido esa chaqueta de pana que pensábamos habíamos desterrado por siempre de nuestro armario al baúl de los recuerdos.


Foto original www.abc.es