lunes, 26 de enero de 2015

Rosas rojas para Susana Díaz


La vida está llena de finales que jamás habías sospechado –o algo así creo que decía el anuncio de un coche al respecto de la inverosímil historia de unos patitos de goma-; y lo cierto es que conforme avanzamos en el camino vamos comprobando empíricamente la realidad –a veces amable, a veces cruel- de esta afirmación.  Que la política forma parte de la vida nadie lo duda, por tanto, el silogismo es evidente: también la política está llena de finales que jamás habías sospechado.

De episodios que contrastan esta improvisada teoría está llena la historia. Tratar de hacer cualquier tipo de vaticinio al respecto de lo que ocurrirá el próximo otoño, de quién o quiénes gobernarán nuestro país en los próximos cuatro años, es un ejercicio de mera especulación.

Ahora bien, habida cuenta de los resultados electorales en Grecia –habrá que ver cómo evoluciona su economía de aquí a otoño y qué lectura hacen unos y otros de ello - y del terreno pantanoso en el que se mueven PP y PSOE; a día de hoy, desde este punto del camino, podemos vislumbrar que las luces del Congreso adquieren tintes violetas cada vez más definidos.

Que el Partido Popular camina en cortejo fúnebre hacia el cementerio es más que evidente, que aun así salvará los muebles gracias al miedo de unos y a la inmunidad ante la crisis de otros, también parece una obviedad de la que sería redundante seguir escribiendo. Que el PSOE anda dando tumbos en manos de un líder que no parece tener clara su postura política, ni cómo hacer frente a la campaña contra Podemos: más de lo mismo.

La novedad son las oscuras argucias de las elites del partido de los trabajadores –como ellos se empeñan en seguir llamándose-.  Esta semana hemos descubierto que el bueno de Zapatero y el patriota de Bono, se reunieron con Pablo Iglesias e Iñigo Errejón sin que el líder de los socialistas tuviera la menor idea. También esta semana, casualidades político-mediáticas, Susana Díaz comienza a plantearse el adelanto electoral en Andalucía, Zapatero la retrata como la mejor líder ejerciente y empiezan a filtrarse noticias postulándola como candidata a la Moncloa.

Pero en política y en comunicación poco hay de casual en pleno siglo XXI, así que en realidad todo parece responder a una campaña orquestada por el sector más poderoso del partido para apartar a Pedro Sánchez y colocar a la presidenta de Andalucía al timón de un barco que hace aguas. Aunque quién sabe, porque si la estrategia acabara ahí, sobraría de esta ecuación la incógnita del almuerzo entre las viejas glorias del PSOE y las noveles promesas de la política española.

Susana Díaz está en su derecho a querer ser la primera presidenta del gobierno español y los miembros del PSOE de manifestar apoyo a su candidatura, pero lo que no es legítimo es operar con nocturnidad y alevosía. Si Díaz tiene aspiraciones a la Moncloa que lo diga clara y llanamente, y si no las tiene que lo manifieste con rotundidad y haga público su apoyo a Pedro Sánchez. Si Zapatero y Bono se sienten hoy más próximos a Pablo Iglesias solo tienen que abandonar el PSOE, pero si siguen formando parte de la organización deberían hacerlo con modestia, lealtad y sentido del deber.

El problema es que modestia y ambición son dos palabras de difícil conjunción; y  al naufragio del PSOE se le suma ahora un nuevo embiste: el de la codicia de sus líderes; la de los presentes y la de los que no asumen que su momento ya pasó, y se dedican a maquinar a hurtadillas quien sabe qué. Ni los unos ni los otros tienen conciencia de Estado por muy patriotas que se autoproclamen. Es muy lícito ser ambicioso, es respetable buscar el crecimiento personal y profesional; de hecho, es hasta necesario para que el sistema económico capitalista funcione. Ahora bien, todo aquel que antepone sus intereses personales a los colectivos, todo aquel cuyo liderazgo y ambición no encuentra fin en la propia satisfacción que genera comprobar la mejora del bienestar colectivo, no debe dedicarse a la política. Un político debe anteponer los intereses del Estado a los suyos; debe vivir la política con dedicación, abnegación y sacrificio; aunque el sacrificio suponga apartarse del camino por el bien del partido, en aras del bien del país. 

Bono puede actuar como le plazca, Zapatero puede comer con quien considere y Díaz puede seguir hablando ambiguamente de trenes hasta el día que estime oportuno; ahora bien, habrán de asumir las consecuencias que sus actos tengan para el partido y por extensión, para el país. Porque lo que el PSOE no ha terminado de comprender es que ni siquiera el asesor político más lúcido de España es más hábil que el conjunto de los españoles, y que España en su conjunto está al límite de su paciencia –en lo que a rufianerías políticas se refiere-.

Los militantes del PSOE  no deberían perdonar que se menosprecie su voto colocando a un líder a dedo, ni cualquier tipo de manipulación que no nazca del deseo general de las bases. Los andaluces no deberían consentir elegir a una presidenta que unos meses más tarde ceda el mando de Andalucía para irse a probar fortuna a Madrid –salvo que la eligieran sabiendo de antemano que ese es el plan-, y los españoles no deberíamos encumbrar a ningún líder que no respete los valores democráticos. Tampoco debería quedar impune la ausencia de explicaciones al respecto de una reunión que a priori carece de toda lógica.

La soberbia de la élites de una las formaciones políticas más importantes de España –hasta el momento- les impide dar un paso atrás, les impide respetar el proceso democrático del propio partido; ver,  que la propia organización es una muestra del conjunto de la población y que no hay candidato más legítimo que el legitimado por los votos.


Ciegos de vanidad, no  advierten en el PSOE que militantes y simpatizantes están tirando al suelo las rosas que un día empuñaban con orgullo; y que los maltrechos pétalos van formando poco a poco la alfombra roja por la que Pablo Iglesias ascenderá al Congreso a recoger los pedazos que queden de España. 

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4 comentarios:

  1. Muchos votantes de izquierda contemplamos entre perplejos y atónitos el lamentable espectáculo del suicidio del PSOE. Será verdad que cada uno tiene lo que se merece, y ese partido hoy está huérfano de líderes, de ideas y por lo que estamos viendo, de sentido común. Irrita ver cómo los tiempos electorales se manipulan no al servicio del ciudadano, ni siquiera del militante, sino del líder (lideresa?) que antepone su interés particular al general. Pero ojo, que hay sapos difíciles de tragar e imposibles de digerir, y los pactos post-electorales los carga el diablo

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    1. Suscribo todas tus palabras, no podría estar más de acuerdo. PP y PSOE están perdidos en la maraña que han ido tejiendo todos estos años y creo que ya ni saben si quieren salir de ella... Parecen ajenos a la realidad, a lo que está ocurriendo en las calles, en las redes sociales,en los periódicos libres de deudas... en definitiva, a lo que se está gestando. Han perdido cualquier tipo de conexión con la ciudadanía y piensan que pueden seguir tomando decisiones de arriba a abajo; no han comprendido que si algo positivo ha traído esta crisis es que hemos recordado que somos nosotros los que damos legitimidad a un líder, a un gobierno o a un proyecto político.
      En el caso concreto del PSOE creo que seguir por este camino sería terminar de enterrarse en vida; y respecto a los pactos, solo tienen que ver el resultado electoral de sus primos en Grecia (por mucho que se empeñen en decir que el PASOK no es el PSOE)
      Muchas gracias por compartir tus reflexiones con todos los lectores de este blog.
      Saludos

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    2. Portada de El Mundo, Domingo 1 de febrero: "Susana Díaz tendrá que pactar con quienes no quiere pactar, según una encuesta de Sigma 2". Ojalá la primitiva se me diera tan bien.

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    3. Desde luego nos espera un año de lo más entretenido...
      Si la encuesta está en lo cierto, habrá que ver como resuelve esta situación Susana Díaz, quizá así podamos ver los españoles como se comportaría el PSOE a nivel nacional en caso de tener que pactar con alguien, o quizá dado el caso, no actúe pensando en el interés y los deseos de los andaluces si no en el suyo propio, en el del partido o incluso en el de Pedro Sánchez -se apreciará la ironía jeje-...

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