lunes, 16 de febrero de 2015

El engaño de Pedro Sánchez a Tomás Gómez


Tenemos, los seres humanos, la capacidad innata de detectar el peligro y todo lo que a éste le rodea. Tenemos, la habilidad de identificar el engaño antes de que se produzca.

Debe ser una cuestión de supervivencia; sin lugar a dudas, tiene que estar relacionado con nuestro pasado, con el pasado más remoto; aquel en el cual formábamos parte de la Tierra como una especie animal más. 

Y aunque los millones de años que acompañan nuestra historia han borrado la práctica totalidad de los rasgos que nos caracterizaban, el tiempo no ha podido con esa inexplicable fuerza que hace que se nos ericen los vellos, se afile la mirada y el corazón comience a bombear sangre hacia los rincones más inhóspitos de nuestro cuerpo. No hemos perdido, afortunadamente, la intuición que nos alerta de una mirada esquiva, de un quiebro en la voz o de unas manos sudorosas e impacientes.

Lejos de perderla, parece que con los años hemos desarrollado todavía más –o hemos aprendido a utilizar mejor- la habilidad de ponernos en guardia incluso cuando quien nos acecha se halla a cientos de kilómetros de distancia y no podemos si quiera notar el ritmo acelerado de su respiración. Debe ser que una legislatura de comparecencias del Presidente del Gobierno a través de un plasma hace que se desarrollen los sentidos más insospechados.

El líder del PSOE ha cesado al candidato a la presidencia del gobierno de Madrid, y al hacerlo lo ha acusado de manera velada de conductas de dudoso rigor; sin embargo, llevamos una semana sin ver ni oír a Pedro Sánchez hablar de la destitución de Tomas Gómez. Los ciudadanos, madrileños o no, no hemos tenido la oportunidad de escuchar ni la menor explicación al respecto. Llevamos días sin poder observar si sus manos tiemblan o no mientras habla de ello, si baja la mirada o si se le quiebra la voz mientras explica los motivos de su actuación. Sin embargo, es tal la habilidad que hemos desarrollado, que incluso sin necesidad de mirarle a los ojos, o tal vez porque no hemos podido verlos, tenemos los vellos como escarpias y las garras afiladas, preparadas para salir corriendo u atacar según se tercie.

Pedro Sánchez ha hecho lo que tanta gente llevamos tanto tiempo reclamando: dar un puñetazo encima de la mesa y señalar con el dedo a aquel que no es digno de representarnos; y sin embargo, cuando parece que por fin alguien hace aquello que llevamos años esperando, cuando alguien deja de negar lo evidente y reconoce que en su partido hay ovejas descarriadas que deben ser apartadas del rebaño, nadie nos creemos ni aplaudimos su decisión. ¿Por qué?

Sólo se me ocurre una respuesta: los seres humanos no hemos perdido la capacidad de detectar el peligro y todo lo que a éste rodea, no hemos perdido la habilidad de identificar el engaño antes de que se produzca. 

4 comentarios:

  1. Desde luego Pedro Sánchez ha dado una respuesta contundente, sólo que no sabemos cual era la pregunta. Lo de que "hay que ir tres pasos por delante de la legalidad" me inquieta, porque parece que para ser objeto de pérdida de confianza no es precisa una imputación, sino que basta con un rumor. La vida pública mancha, lo sé por experiencia, así que el que quiera ir muy por delante de la legalidad corre el riesgo de quedarse solo. Y en plena soledad es muy fácil perder el norte.

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    1. Creo que una de las cosas que más desmotiva actualmente a la gente a entrar en política es el miedo a acabar envuelto en un escándalo que aunque no tenga transcendencia jurídica, acabe con un impacto mediático irreparable. En este sentido, los medios de comunicación están haciendo una labor más que cuestionable; transmiten ideas sesgadas y equivocadas confundiendo a la opinión pública. Al final, nadie sabe si una imputación es o no un delito, si que un juez llame a declarar es indicio de algo... Me da mucha lástima el circo que hemos creado entre todos. A veces me dan ganas de apearme de todo lo que tiene que ver con la política...

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  2. Para mi es intolerable lo que está ocurriendo. Que se produzca un cese a este nivel y a escasos tres meses de las elecciones a las que el cesado iba a concurrir como cabeza de cartel, me parece insólito.
    Evidentemente hay algo (mucho) detrás, y ese es para mi el problema. Que lo que haya, sea lo que sea, tiene que ir por delante. Dar la cara, Sr. Sánchez, y con ella las explicaciones oportunas. Ya está bien de querer tapar las cosas y de funcionar con eufemismos y medias verdades.
    Porque de no ser así se corre el riesgo de que cualquier hijo de vecino, con muy buen criterio, se tronche de risa al oirles hablar de democracia interna, de primarias y de líneas rojas.
    Luz y taquígrafos, en este caso y en los demás. Porque si no dígame usted, ¿dónde quedaría la tan manida presunción de inocencia?

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  3. Pues si Paco, creo que han entrado en un espectáculo lamentable; han caído en el descrédito absoluto. En mi opinión, esto ocurre cuando no se tienen las ideas claras, cuando no hay valores y convicciones fuertes y arraigados. Porque cuando uno sabe lo que es y lo que defiende, al final, nunca defrauda. Creo que Pedro Sánchez o no sabe lo que es, o no está teniendo el valor de ser él mismo. De otro modo, yo no entiendo lo que está ocurriendo; y a mí, en definitiva, poco me importa lo que Pedro Sánchez, Susana Díaz, Chaves o Griñán hagan con su carrera política; a mi lo que me importa es lo que han hecho con el PSOE. Como votante, como ciudadano, considero que han cometido -ellos y tantos otros- la irresponsabilidad de destrozar un partido que tanto trabajo costó a tanta gente; nos obligan a comenzar a descartlos como fuerza política. Eso es lo que siempre les reprocharemos muchos españoles.

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