lunes, 9 de febrero de 2015

Monedero o como limpiar las manchas de duda


Es difícil, muy difícil, convivir con la duda; en ocasiones incluso insoportable. No con una duda en concreto, no con la ausencia de conocimiento acerca de un hecho o cuestión, sino con aquella que tiene que ver con la confianza, con la pérdida de confianza en alguien. En ocasiones los sucesos más banales, los más irrelevantes, desencadenan tormentas de incertidumbres que anegan en segundos lo construido en años de convivencia.  La duda es una mancha de difícil limpieza para la cual  el único remedio que funciona –y no siempre- es dejar pasar el tiempo; es una herida que paradójicamente, sólo la puede cerrar quien la abrió; es la  enfermedad convertida en enfermero.  

Peor suerte corre la mácula si la herida trasciende los límites de lo cotidiano, si quien nos ha defraudado no tiene la oportunidad de rescindir su honor cada día,  con cada nuevo gesto, con cada nueva mirada. Cuando la duda es vertida sobre la imagen pública, cuando lo que se pone en cuestión es la confianza en alguien como profesional o como figura pública; la mancha, incluso con tiempo, es casi imposible de borrar.

Si la vida te da la oportunidad de vivir de cerca el descrédito público de un ser querido, que además de querido –o por encima de querido- es inocente; y observar como a pesar de contar con la sentencia de un juez que así lo confirma, tiene que soportar seguir arrastrando una mochila llena de voces que entonan aquello del “cuando el río suena…”; si eso ocurre, aprendes a poner en entredicho cualquier tipo de información al respecto de posibles actuaciones reprobables por parte de figuras públicas, a cuestionar incluso que un juez haya admitido a trámite una demanda. Porque el jocoso refranero español, fiel reflejo de nuestra sociedad, está lleno de prejuicios. Y no, no siempre que el río suena lleva agua.

En estos momentos España está desbordada de ríos que suenan, y que llevando agua o sin llevarla, han convertido el país en una marisma de lodos en la que cuesta caminar con confianza, caminar sin prejuzgar.

Es difícil no dudar de Tania Sánchez  o de Juan Carlos Monedero, por ejemplo,  pero hay que hacerlo, hay que poner en entredicho todo lo que leemos y escuchamos porque en ocasiones viene sesgado, manipulado o incorrectamente explicado. Ya bien sea porque los medios de comunicación necesitan generar noticias impactantes fáciles de digerir y comprar, o porque los periodistas no tienen ni el tiempo ni los recursos para ahondar correctamente en lo que está ocurriendo; la realidad es que a menudo nos encontramos con informaciones que siendo ciertas -en algunos aspectos-, transmiten al receptor de la noticia una idea distorsionada de la realidad.

La comisión de investigación a Tania Sánchez concluye que no hubo irregularidades en su gestión, pero la duda ya planea sobre ella, la mancha ya está ahí, la mochila llena de voces escépticas ya pesa sobre su espalda para siempre. Porque siempre habrá alguien que la única lectura que haga de todo esto sea, que si la han investigado es porque hay algo que investigar.

Juan Carlos Monedero, por su parte, ya ha pagado sus deudas con Hacienda, ya ha regularizado su situación, sin embargo, nunca nadie sabremos si tributó a través de una empresa para ahorrarse un importante monto de dinero o si lo hizo porque desconocía la forma correcta de hacerlo. Resulta difícil de entender que un profesor universitario no tenga a su alcance medios para formarse e informarse de sus obligaciones tributarias, pero incluso eso hay que ponerlo en cuarentena. Porque Monedero pudo haber delegado su confianza en algún experto en materia fiscal que le  asesorara que ésta era la forma correcta de proceder.  Nunca lo sabremos, sólo él y su almohada tienen la respuesta a esa pregunta que para nosotros seguirá dando tumbos de un lado a otro de nuestras cabezas, hasta que otro asunto ocupe su lugar.

No podemos, o no debemos, juzgar a Monedero porque no sabemos si actuó o no de buena fe, pero si podemos discutir su forma de arremeter contra la casta ahora que sabemos que él también comete torpezas. Hoy que sabemos que su historial patrio no es inmaculado, hoy que tenemos la certeza de que él, por obra u omisión, también comete pecados, podemos cuestionar que ataque con tanta prepotencia al resto de la clase política, que los tilde de corruptos y los acuse sin compasión de no tener conciencia de Estado. Ahora, que sabemos que Monedero había regularizado sus cuentas pocos días antes de retar públicamente al ministro de Hacienda, sí podemos preguntarnos por su humildad y su honradez;  no porque haya podido intentar defraudar a Hacienda –y con ello a todos los españoles-, sino porque lo que se espera de alguien que ha tropezado y ha caído –y que además aspira a dirigir nuestro país-, es que se levante sabiéndose más humano, más humilde.


Parece que Monedero, a pesar de no parar de repetirlo, no ha entendido que este país está en una situación muy grave, dramática;  y que lo que España necesita no son líderes que lancen discursos envenenados intentando conectar con la rabia y la desesperanza de la población, lo que España precisa son líderes humildes, honrados y honestos que conecten con la esperanza y la ilusión de los ciudadanos, que de verdad comprendan que una nueva decepción sería insoportable. Líderes, que le den la vuelta a este país, pero que lo hagan sin partirlo en mil pedazos. 

6 comentarios:

  1. Fantástica reflexión, amigo. No se puede escribir mejor.
    Encantado, como siempre, de leerte.

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    1. ¡Muchas gracias Paco! Siempre son bienvenidas las palabras de ánimo y mucho más si vienen de alguien que escribe tan bien como tú lo haces.
      ¡Feliz lunes!

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  2. Estoy tan descolgada de la politíca que hasta me da verguenza reconocerlo.Gracias por hacer que sienta "algo" de interés por el tema y ojalá me pique el gusanillo. Saludos y enhorabuena.

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    1. Creo que la situación política de este país es tan siniestra, que cada necesitamos encontrar nuestra manera de sobrevivir a ella; y en muchos casos, la manera de soportar todo lo que está ocurriendo es cerrando los ojos. No malinterpretes mis palabras, lo digo con total respeto y comprensión porque yo estuve varios años en los que no abría un periódico ni veía un telediario, no podía, me resultaba dañino (de verdad). Ahora sin embargo estoy en otro momento, ahora lo que esta ocurriendo me desvela y cabrea; por eso empecé a escribir este blog -entre otras razones-, porque encontré la manera de canalizar mis enfados (que a veces eran excesivos jeje). Quién sabe lo que necesitaré mañana...
      Muchas gracias por tus palabras y por formar parte de este foro. Y y lo dicho, yo creo cada uno encontramos nuestra manera de ser ciudadanos y en mi opinión, todas suman.

      Saludos!

      R

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  3. Una táctica muy de moda entre los equipos de fútbol mediocres consiste en intentar achicar espacios, enfangar el partido y recurrir si es preciso a las faltas y al juego sucio para intentar conseguir aunque sea un empate a cero; en esos partidos es muy importante que el árbitro actúe con firmeza y ecuanimidad, sabiendo discernir lo que entra dentro del reglamento de lo que es punible y tener clara la línea que separa la estrategia de equipo del juego antirreglamentario.
    En la vida política de esta España contemporánea está táctica es la imperante: los equipos (partidos políticos) están recurriendo al juego sucio bordeando la legalidad con tal de conseguir un resultado positivo; no les importa la belleza del juego, ni lesionar a jugadores creativos (ie. inocentes), ni que el público se aburra o incluso se harte y abandone el estadio antes de que concluya el encuentro; el resultado manda, el fin justifica los medios. Me gustaría que hubiera un equipo (partido político) con una propuesta de juego limpio, bello y con sentido, que confíe en que la superioridad de su juego se imponga a las marrullerías del contrario y capaz de satisfacer a los espectadores, que al fin y al cabo son quienes pagan.
    Casi no me queda tiempo para hablar del papel del árbitro (la justicia), de la importancia de su imparcialidad (que Alfonso Guerra hablara de la muerte de Montesquieu ya nos dio una pista de cómo iba a ser el juego en adelante) y de la rapidez con que debe actuar para sancionar las faltas: no tiene sentido que pite un penalti después de concluir el partido. Si la justicia no es rápida, no es justicia. Y "donde no hay justicia, es un peligro tener razón" (F. Quevedo).

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    1. ¡Bárbaro! Estas palabras bien podrían ser una columna dominical de cualquiera de los periódicos de referencia de este país. Me quito el sombrero.
      Este domingo, Esperanza Aguirre dijo muchas cosas en Salvados, algunas barbaridades -de otro modo no sería ella- y algunas acertadas. Entra las afirmaciones acertadas dijo que precisamente lo que tu dices: la justicia debe ser rápida, porque si no, aunque sea justa, la percepción de los ciudadanos es que no hay justicia...

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