lunes, 23 de marzo de 2015

Nadie leyó a Miguel Hernández


Hace más de 37 años, Miguel Hernández escribió Aceituneros:

Andaluces de Jaén
Aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mukhas: el poder de una Gema



Me salto el protocolo por una vez - o por primera vez-. Esta semana además del post del pasado lunes, quiero compartir con vosotros una grata experiencia que nada tiene que ver con las reflexiones habituales de este blog.

Hace unos días tuve el placer de pasar un rato con los creadores de Mukhas. Os cuento:

Mukhas es una tienda on line –por el momento- donde podemos encontrar mucho más que maravillosas pulseras y collares. En Mukhas  encontramos un nuevo concepto empresarial, un mundo de inspiración sostenible que comienza en la exótica isla de Bali. Mukhas no es sólo un lugar donde adquirir complementos diferentes, es un lugar de encuentro para todos los que compartimos una filosofía de vida

lunes, 16 de marzo de 2015

Mientras nos quede Salvados


Lo he entendido, creo por fin he entendido a Santiago Calatrava; es más, creo que incluso tengo el argumento clave para la defensa de sus múltiples causas abiertas.

Resulta que en la ciudad donde yo vivo hay un monumento a la Constitución; en el paseo que como no podía ser de otro modo lleva por nombre Paseo de la Constitución. Siempre he sentido una especial atracción hacia el mismo. Se trata de tres pirámides de  exactas dimensiones, de unos dos metros de altura,  que colocadas equidistantes simbolizan, con bastante acierto, los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. En el centro, una esfera notablemente inferior encarna a la ciudadanía.  Tal y como yo entiendo las cosas la ciudadanía debería ser una esfera alrededor de las tres pirámides, un círculo virtuoso de control y definición de los tres cuerpos. Pero lo cierto es que siempre he obviado este hecho, me he quedado con la imagen agradable y tranquilizadora de la perfecta armonía de las tres pirámides y lo que estas representan.

El gran problema de este monumento es que no fue ideado por Calatrava, y por tanto, permanece indemne al paso del tiempo, luciendo el mismo brillo y esplendor que hace veinticinco años.

lunes, 9 de marzo de 2015

La sonrisa de Albert Rivera

Foto: www.ondacero.es

No sé si el optimismo es un regalo, una buena fortuna, un preciado legado que algunos tienen la suerte de heredar en su testamento genético, o es una actitud ante la vidaPero lo cierto es que en un ejercicio extremo de simplificación, el mundo se podría separar en dos nuevos hemisferios: el de los optimistas y el de los pesimistas.

Cierto es que como todo en la vida, tampoco esto es blanco o negro: hay grises, blancos, blancos rotos e incluso blancos sucios… Es difícil encontrar una persona cuya piel permanezca impermeable al desánimo durante todo su caminar.  Es difícil porque el camino es impredecible y caprichoso, y a veces, pone ante nosotros piedras tan grandes que hasta el más campante mira con recelo y desdén desde abajo, dudoso de si saltarla o sentarse ahí y como en la poesía de Goytisolo decir: “no puedo más y aquí me quedo, aquí me quedo”.

Pero asumiendo el hecho incontestable de que existe toda gama de colores, y que incluso el blanco más puro puede parecer negro cuando la vida se empeña en apagar todas la luces, no es menos cierto que todos vivimos rodeados de personas que encuentran una salida en el hueco de una cerradura y personas que aun teniendo la llave en la mano, sólo ven una puerta cerrada.

El camino que como sociedad llevamos recorrido ha sido duro y angosto, y el que queda por recorrer no se antoja mucho más liviano. En este áspero paisaje resulta difícil, casi imposible,  mantener el optimismo en todo aquello que a la vida política concierne.

Sin embargo, como en la vida, o más propiamente dicho, dado que es parte de la vida, también en política el destino nos regala de vez en cuando una sonrisa infinita como la de Albert Rivera. Y como ocurre en nuestros círculos más íntimos, también esta sonrisa tiene defectos y también se puede llegar a encontrar en ella el reflejo del rostro más triste; y uno, dependiendo del hemisferio en el que viva, puede decidir obviar las imperfecciones o convertirlas en el centro de su análisis.

No deben convertirse en el centro del análisis: por egoísmo, por necesidad. Necesitamos, descansar, delegar, confiar… Necesitamos creer –y hoy va de citas- que no todo está perdido que Albert Rivera viene a ofrecer su corazón. No se puede vivir eternamente en la crítica, no se puede juzgar sin piedad, no se puede analizar todo con una lupa de aumento; en algún momento hay que parar porque a lo único que conduce tal agotador ejercicio es a la frustración.

Deben quedar a un lado las imperfecciones, porque hay algo que en mi opinión, y lo digo con total convencimiento, está por encima de un programa político o de una medida concreta: Albert Rivera forma parte del hemisferio de los optimistas. No es ninguna nimiedad que quien aspire a gobernar este país, o a convertirse en un elemento político clave, lo haga desde la esperanza; que levante a la gente del sofá, que ponga la maquinaría de la democracia a funcionar de nuevo, que recuerde a los ciudadanos quién legitima a quien, pero que lo haga construyendo ilusión. Bastante duro es lo que hemos vivido, y bastante duro será lo que nos quede por vivir como para infundir más odio, más rabia y más desesperanza en la población. Hay quien parece no haberse planteado la herida social que provoca al hacer del enfado su causa.  Afrontar el cambio y el drama con una sonrisa no es frivolidad, es supervivencia. 

Y por último, pero no por ello menos importante, hay que obviar las imperfecciones porque Ciudadanos merece ser el verdugo del PP. Podremos proclamarnos conservadores o progresistas, moderados o liberales; podremos inventar cualquier otro tipo de nomenclatura para que suene mejor en nuestros oídos, pero la realidad es que siempre ha habido y siempre habrá personas de derechas y personas de izquierdas. Es una obviedad y una necesidad –no puede ser de otro modo-, por tanto, dado que aunque a unos y a otros nos pese, tenemos que convivir con nuestras antípodas políticas, es el momento de que alguien entre en los aposentos de Rajoy y eche a latigazos a todos aquellos que han manchado con sus manos corruptas el nombre de la derecha. Es el momento de que sus fieles votantes les den la espalda y su indiferencia convierta en cenizas a esas aves de rapiña disfrazadas de gaviotas; devolviéndonos así al conjunto de los españoles, una ínfima parte de la dignidad que nos han robado.  

Es el momento de que Ciudadanos remate la faena, y que la herida que ya no puede esconder el Partido Popular, sea herida de muerte. 

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