lunes, 9 de marzo de 2015

La sonrisa de Albert Rivera

Foto: www.ondacero.es

No sé si el optimismo es un regalo, una buena fortuna, un preciado legado que algunos tienen la suerte de heredar en su testamento genético, o es una actitud ante la vidaPero lo cierto es que en un ejercicio extremo de simplificación, el mundo se podría separar en dos nuevos hemisferios: el de los optimistas y el de los pesimistas.

Cierto es que como todo en la vida, tampoco esto es blanco o negro: hay grises, blancos, blancos rotos e incluso blancos sucios… Es difícil encontrar una persona cuya piel permanezca impermeable al desánimo durante todo su caminar.  Es difícil porque el camino es impredecible y caprichoso, y a veces, pone ante nosotros piedras tan grandes que hasta el más campante mira con recelo y desdén desde abajo, dudoso de si saltarla o sentarse ahí y como en la poesía de Goytisolo decir: “no puedo más y aquí me quedo, aquí me quedo”.

Pero asumiendo el hecho incontestable de que existe toda gama de colores, y que incluso el blanco más puro puede parecer negro cuando la vida se empeña en apagar todas la luces, no es menos cierto que todos vivimos rodeados de personas que encuentran una salida en el hueco de una cerradura y personas que aun teniendo la llave en la mano, sólo ven una puerta cerrada.

El camino que como sociedad llevamos recorrido ha sido duro y angosto, y el que queda por recorrer no se antoja mucho más liviano. En este áspero paisaje resulta difícil, casi imposible,  mantener el optimismo en todo aquello que a la vida política concierne.

Sin embargo, como en la vida, o más propiamente dicho, dado que es parte de la vida, también en política el destino nos regala de vez en cuando una sonrisa infinita como la de Albert Rivera. Y como ocurre en nuestros círculos más íntimos, también esta sonrisa tiene defectos y también se puede llegar a encontrar en ella el reflejo del rostro más triste; y uno, dependiendo del hemisferio en el que viva, puede decidir obviar las imperfecciones o convertirlas en el centro de su análisis.

No deben convertirse en el centro del análisis: por egoísmo, por necesidad. Necesitamos, descansar, delegar, confiar… Necesitamos creer –y hoy va de citas- que no todo está perdido que Albert Rivera viene a ofrecer su corazón. No se puede vivir eternamente en la crítica, no se puede juzgar sin piedad, no se puede analizar todo con una lupa de aumento; en algún momento hay que parar porque a lo único que conduce tal agotador ejercicio es a la frustración.

Deben quedar a un lado las imperfecciones, porque hay algo que en mi opinión, y lo digo con total convencimiento, está por encima de un programa político o de una medida concreta: Albert Rivera forma parte del hemisferio de los optimistas. No es ninguna nimiedad que quien aspire a gobernar este país, o a convertirse en un elemento político clave, lo haga desde la esperanza; que levante a la gente del sofá, que ponga la maquinaría de la democracia a funcionar de nuevo, que recuerde a los ciudadanos quién legitima a quien, pero que lo haga construyendo ilusión. Bastante duro es lo que hemos vivido, y bastante duro será lo que nos quede por vivir como para infundir más odio, más rabia y más desesperanza en la población. Hay quien parece no haberse planteado la herida social que provoca al hacer del enfado su causa.  Afrontar el cambio y el drama con una sonrisa no es frivolidad, es supervivencia. 

Y por último, pero no por ello menos importante, hay que obviar las imperfecciones porque Ciudadanos merece ser el verdugo del PP. Podremos proclamarnos conservadores o progresistas, moderados o liberales; podremos inventar cualquier otro tipo de nomenclatura para que suene mejor en nuestros oídos, pero la realidad es que siempre ha habido y siempre habrá personas de derechas y personas de izquierdas. Es una obviedad y una necesidad –no puede ser de otro modo-, por tanto, dado que aunque a unos y a otros nos pese, tenemos que convivir con nuestras antípodas políticas, es el momento de que alguien entre en los aposentos de Rajoy y eche a latigazos a todos aquellos que han manchado con sus manos corruptas el nombre de la derecha. Es el momento de que sus fieles votantes les den la espalda y su indiferencia convierta en cenizas a esas aves de rapiña disfrazadas de gaviotas; devolviéndonos así al conjunto de los españoles, una ínfima parte de la dignidad que nos han robado.  

Es el momento de que Ciudadanos remate la faena, y que la herida que ya no puede esconder el Partido Popular, sea herida de muerte. 

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4 comentarios:

  1. El problema de los partidos es similar al de cualquier empresa, si crece mucho en poco tiempo corre el riesgo de morir de éxito, de no dotarse de la estructura adecuada. Ojalá Rivera siga siendo capaz de rodearse de gente con talento, capacidad de trabajo y, por qué no, carisma, para hacer crecer su proyecto político. De momento, la campaña se la están haciendo gratis desde el PP, porque lo de "Ciudatans" de Floriano y "Los naranjitos" de Hernando es digno del show de José Mota, pero con incluso más audiencia.

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    1. Si, habrá que ver lo que ocurre de aquí a noviembre; por el momento, como bien dices, tenemos hasta comedias gratis en los telediarios ;-)

      A mi, sin compartir su visión de la política en muchos aspectos, me esperanza pensar que pueden ser el castigo que merece el partido que nos gobierna.

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  2. Totalmente de acuerdo. El PP es el mejor asesor de campaña que podrían haber encontrado. Entre Ciudadanos por la derecha y Podemos por la izquierda se encuentran mucho trabajo hecho tan solo con las declaraciones del dirigente (popular) de turno.
    Está claro que, al menos por una temporada, el bipartidismo se rompió. Veremos por cuento tiempo.
    El único problema sería que llegáramos a convertirnos en una especie de parlamento a la italiana, con tal sopa de letras y tan fragmentado abanico de colores que se hiciera ingobernable. Esperemos no llegar a esos extremos.

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    1. Paco,completamente de acuerdo, corremos ese riesgo porque somos un país que nos asusta dar la razón a nuestro adversario, nos acobarda pedir perdón y nos incomoda cambiar nuestras estructuras mentales... Así ,que en un escenario similar al de Italia, mucho me temo que la altura política de nuestros representantes dejaría mucho que desear. No obstante, andaremos y veremos ;-)

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