lunes, 16 de marzo de 2015

Mientras nos quede Salvados


Lo he entendido, creo por fin he entendido a Santiago Calatrava; es más, creo que incluso tengo el argumento clave para la defensa de sus múltiples causas abiertas.

Resulta que en la ciudad donde yo vivo hay un monumento a la Constitución; en el paseo que como no podía ser de otro modo lleva por nombre Paseo de la Constitución. Siempre he sentido una especial atracción hacia el mismo. Se trata de tres pirámides de  exactas dimensiones, de unos dos metros de altura,  que colocadas equidistantes simbolizan, con bastante acierto, los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. En el centro, una esfera notablemente inferior encarna a la ciudadanía.  Tal y como yo entiendo las cosas la ciudadanía debería ser una esfera alrededor de las tres pirámides, un círculo virtuoso de control y definición de los tres cuerpos. Pero lo cierto es que siempre he obviado este hecho, me he quedado con la imagen agradable y tranquilizadora de la perfecta armonía de las tres pirámides y lo que estas representan.

El gran problema de este monumento es que no fue ideado por Calatrava, y por tanto, permanece indemne al paso del tiempo, luciendo el mismo brillo y esplendor que hace veinticinco años.


Por fin he entendido al polémico arquitecto, él hace arquitectura viva, él crea edificios que como la vida, se van marchitando conforme avanzan los años. Él, y sólo él,  debería haber sido el encargado de homenajear a la Constitución. De haber sido así, ahora mismo el monumento representaría la realidad: el óxido se habría apoderado de las caras externas de las pirámides, éstas habrían evolucionado y definido su propio tamaño, y la esfera central –la que representa a los ciudadanos- se habría convertido en una mugrienta alfombra, destrozada por las afiladas garras de las aves de rapiña -venidas de lugares lejanos preocupadas por su bien más preciado, el dinero-.

Pero si el ilustre valenciano hubiese sido el arquitecto del monumento, para ser justo, para reflejar la realidad del momento actual, habría plantado al lado una falla de Jordi Évole tuiteando desde su tablet.  Entonces el monumento sí conseguiría reflejar la realidad: un sistema constitucional donde la independencia de los tres poderes es más que cuestionable, la legitimidad de los mismos está en entredicho y donde los ciudadanos hemos tenido que ceder nuestra porción de poder a un misterioso ente llamado mercado; pero un sistema, que todavía cuenta con el poder incuestionable del periodismo.

El periodismo, sumergido en los mismos males que el resto del sistema, no pasa por sus mejores momentos y su independencia es inversamente proporcional a su nivel de endeudamiento. Pero al periodismo como profesión, con concepto, le ha salido un aliado de excepción: internet.

Juntos, las redes sociales y los periodistas con mayúsculas –Jordi Évole, Ignacio Escolar, el diario.es…-  están realizando un verdadero pulso al sistema tal y como hoy lo concebimos. El tradicionalmente llamado cuarto poder, ahora reinventado por necesidad y aliado con el poder de la ciudadanía a golpe de tuit, están consiguiendo logros inimaginables.

¿De qué otro modo hubiera conseguido Zaida Cantera que el ministro –tarde y mal- le pidiera perdón? ¿Cuántos millones de españoles seguiríamos ignorando hoy la tragedia del metro de Valencia? ¿Cuántas cuentas se abrieron en Triodos Bank semanas después de aparecer en Salvados? ¿Quién había oído hablar del TTIP en prime time –y no será porque pesos pesados como Almudena Grandes o Soledad Gallego-Díaz hayan escatimado en esfuerzos-?  

No estamos sumergidos en el caos y la corrupción absoluto, el caso concreto de Zaida  es buen ejemplo de ello: Irene Lozano lleva meses peleando y luchando en un ejercicio ejemplar de lo que un político debería ser. Ahora bien, ha bastado –o ha sido necesario- un Salvados de Jordi Évole y su millón y medio de seguidores en Twitter para conseguir que el asunto entre en las agendas políticas de todos los partidos y comiencen a tomarse medidas reales.

Somos muchos los que sentimos que cada domingo Salvados  nos da aliento y respiro, nos alivia durante unos días de esta asfixia política en la que vivimos. Un programa –lamentablemente hay pocos más-, que hace que durante una hora nos despertemos de la pesadilla en la que no nos salen las palabras y nos da voz y fuerzas para gritar. Menos mal, menos mal que contamos con él y que él cuenta con nosotros. Menos mal que entre todos hemos construido un quinto poder - o reinventado al cuarto, eso es lo de menos.

Semanas como esta reconfortan y esperanzan. Pero ésto debe ser una anécdota en el tiempo, un capítulo en los libros de historia para que en el futuro podamos contarles a  nuestros hijos que fuimos capaces de reconstruir las tres pirámides gracias a la acción colectiva y al apoyo de algunas voces valientes. Ésto no puede convertirse en la alternativa a un sistema justo e independiente,  no puede ser nuestro único mecanismo de control y supervisión porque es inviable, porque no es suficiente, porque Jordi Évole hay uno pero Zaidas hay millones

3 comentarios:

  1. Enhorabuena, amigo, por este impresionante artículo.
    Pese a que por aquí nos encontramos en plenas fiestas falleras, envueltos en el aroma a pólvora, música, color y alegría, simepre viene bien la dosis de crítica y de realidad que desprende este "faro". ¡Ojalá nos continue iluminando por mucho tiempo!
    Saludos, compañero.

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    1. Muchas gracias por seguir sacando tiempo, incluso teniendo tantas otras cosas seguro más atractivas, para formar parte de este "faro", no sería lo mismo sin ti ;-)
      Disfruta mucho de la luz de tu tierra que tan bien supo retratar Sorolla.
      Saludos

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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