lunes, 27 de abril de 2015

Palabras heredadas


Mi abuela se fue hace ya casi diez años, se marchó dejándome un millar de recuerdos, un agujero en el corazón y un puñado de palabras atascadas entre mi garganta y el lugar donde habita la culpa.

Quiso dejarme al partir la caja donde ella guardaba las cartas que le enviaban sus hijos desde el extranjero; cartas que jamás pudo responder de su puño y letra. Fue una de las tantas personas que sufrieron los dramáticos acontecimientos del pasado siglo en España, era sólo una más entre los tantos millones de españoles que no sabían leer ni escribir. A decir verdad, ella sí sabía leer, pero tan sólo le enseñaron a replicar su nombre y su primer apellido.

Me dejó la caja llena de historias que yo devolví a cada uno de sus protagonistas, y durante diez años, creí que lo único que contenía era el segundo de sus regalos: una cinta azul de la Virgen del Pilar. Era su amuleto; decía, que como le ocurrió a la Virgen, no le libraba de las bombas de la vida pero sí hacía que no la hirieran de muerte.


Yo a cambio, para su último viaje, le di todo el amor que supe darle y le privé del derecho de saber cuál era mi verdadero sueño.

Nunca me atreví a decirle que mi anhelo era contar historias, construir relatos con esas palabras que ella no sabía usar. Cómo se le explica a alguien que ha sido privada de algo tan básico que quieres pasarte la vida jugando con las palabras; que para ti no son una herramienta para alcanzar una vida más cómoda sino que son la vida en sí misma.

No supe hacerlo, la dejé partir sin decirle quien era yo verdaderamente.

Hace unos días hubiera cumplido 94 años, supongo que por eso cogí la caja que me regaló, supongo que no fue casual que al cogerla llamaran a la puerta –ya nadie llama a la puerta sin avisar previamente -, imagino que por eso me sobresalté y se deslizó entre mis dedos. Pude verla caer con total precisión, pude ver como impactaba contra el suelo y como poco a poco empezaba a resquebrajarse el legado de mi abuela hasta acabar siendo lo que un día fue: un montón de trozos de madera sin orden ni lógica alguna.

Cuando regresé de atender a mi inesperada visita, me agache para recoger con sumo cuidado cada pedazo de lo único que me quedaba de ella, con la esperanza de que alguien pudiera ayudarme a reconstruir mi tesoro. Y entre las aristas de lo fortuito encontré mi herencia.

Tres minúsculos trozos de papel habían permanecido escondidos en un doble fondo durante todos estos años; recortados a mano y sin lugar a dudas escritos por mi abuela decían:

RÍE, NARRA / TEME, NARRA / AMA, NARRA  

Mi abuela se llamaba MARÍA MARTÍNEZ.

lunes, 20 de abril de 2015

Caminar



A veces hay que parar para coger aliento, para respirar; para echar la vista atrás y viendo el camino recorrido decidir cual será el próximo paso.

Después de varios meses publicando cada lunes sobre la actualidad política, a partir de ahora publicaré cada dos semanas. Sobre si voy a continuar escribiendo de política o no, me lo reservo; lo descubriréis en el próximo post ;-)

Muchas gracias por ayudarme a construir este faro. 

¡Feliz lunes!

lunes, 13 de abril de 2015

#BoicotaMediaset o el poder de un Tweet

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Hemos cedido parte de nuestro poder a los mercados... Y una vez más, hemos olvidado que somos la parte fundamental, que somos quienes damos sentido al sistema, quienes creamos y legitimamos la riqueza.
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Existe una teoría según la cual, un individuo puede mostrar su descontento con las políticas de los distintos gobiernos no votando a ningún partido político dentro de un determinado territorio, sino desplazándose hacia un territorio diferente cuyas políticas (sociales o económicas) se ajusten a sus preferencias. Esta teoría es conocida como la Teoría de Tiebout –a cuyo precursor, Charles Tiebout, debe su nombre- o la teoría de votar con los pies.

lunes, 6 de abril de 2015

La limosnera de Floriano


Resulta humillante que a dos meses de las elecciones empiecen a tomar medidas a las que el término populista se les queda pequeño: es una patada en el estómago de nuestra inteligencia.

Quería ser sarcástico, después de estos días de descanso quería resucitar lingüísticamente y ser capaz de cambiar de registro, de decir lo mismo pero desde otro lugar. Lo he intentado, he empezado varias veces, he perdido hasta la cuenta, pero no puedo. Me sobrepasa la rabia. Sí, rabia, es rabia. Ya que he decidido ser sincero mejor ser absolutamente sincero y reconocer que es cólera lo que me impide escribir de otro modo.  

Semana Santa, el milagro de la resurrección, la Andalucía socialista llorando a vírgenes y a cristos, costaleros descalzos, hombres indultados por la gracia de Dios… No será que las circunstancias no se prestan para un artículo irónico. Hubiera sido fácil encajar los últimos golpes del Gobierno entre tanto esperpento. Recuperar, por ejemplo, la imagen de Cospedal y Soraya de negro y peineta; presentarlas al lector con su limosnera, regalando migajas de caridad justo antes de irse de vermú torero… No creo que me vea en otra como ésta.