lunes, 13 de abril de 2015

#BoicotaMediaset o el poder de un Tweet

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Hemos cedido parte de nuestro poder a los mercados... Y una vez más, hemos olvidado que somos la parte fundamental, que somos quienes damos sentido al sistema, quienes creamos y legitimamos la riqueza.
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Existe una teoría según la cual, un individuo puede mostrar su descontento con las políticas de los distintos gobiernos no votando a ningún partido político dentro de un determinado territorio, sino desplazándose hacia un territorio diferente cuyas políticas (sociales o económicas) se ajusten a sus preferencias. Esta teoría es conocida como la Teoría de Tiebout –a cuyo precursor, Charles Tiebout, debe su nombre- o la teoría de votar con los pies.


Aunque la historia está llena de demostraciones empíricas que convierte esta tesis en historias reales –conocidos personajes y luchadores anónimos han cruzado cientos de fronteras por motivos políticos desde que el mundo es mundo-, es una práctica de difícil cumplimiento por motivos logísticos y emocionales.  Es preciso que se den situaciones de absoluta gravedad –guerras, hambrunas, persecuciones políticas…- para que alguien deje atrás toda su vida para preservar su existencia.

Pero la realidad es que el estado actual de nuestro sistema democrático es muy grave y cada vez más españoles nos debatimos entre la rendición y la resistencia, entre la huida y la permanencia, entre votar con las manos y votar con los pies.

Al hecho –importante- de que la mayor parte de las políticas emprendidas por éste y anteriores gobiernos no satisfacen a casi nadie, se añade el hecho de que los ciudadanos hemos comenzado a comprobar como nuestros votos apenas valen calderilla.  

Hemos perdido soberanía; hoy importa más lo que digan los mercados –es ridículo hablar de “mercados” como si fueran personas- que lo que digamos los ciudadanos. Y si importa menos es por dos motivos: el primero y de difícil solución en el corto plazo es porque España debe más de un billón de euros, y quien contrae una deuda, lo que verdaderamente endeuda es su libertad.

El segundo, es que votamos cada cuatro años, y por tanto el poco poder que tenemos lo ejercemos de pascuas a ramos. Pero éste sí tiene solución, ya lo creo que la tiene.

Hemos cedido parte de nuestro poder a los mercados, a las grandes corporaciones empresariales, a fondos de inversión, a grupos de presión... Y una vez más, hemos olvidado que somos la parte fundamental, que somos quienes damos sentido al sistema, quienes creamos y legitimamos la riqueza. 

No podremos hacer nada contra las presiones del Santander al Gobierno y a los medios, pero sí podemos ejercer nuestro poder como clientes, sí podemos, diariamente, decirle a la Señora Botín cómo queremos que sean las prácticas de su banco; podemos –si nos unimos- decirle que o dejan de tratar a sus empleados como a siervos o nos llevamos todos nuestros ahorros a otro banco. Poco podemos influir sobre las decisiones judiciales, pero sí podíamos haberle pedido amablemente a Telefónica que cesara al Señor Urdangarín de su puesto retribuido con nuestras llamadas, o que de no hacerlo íbamos a cambiarnos masivamente a otra compañía telefónica. Tampoco le hicimos saber a Repsol, a golpe de billetera que es como ellos entiende las cosas, que no queríamos prospecciones en nuestras costas; a Endesa e Iberdrola que somos capaces de hacer una huelga de consumo eléctrico hasta que ajusten sus obscenos márgenes o al Ayuntamiento de Madrid que vamos a inundar las calles de paseantes ante cada nueva subida del metro. Nos han adormecido y disgregado y para que olvidemos el poder de la colectividad.

Pero es el propio sistema el que nos ha brindado en bandeja de plata la que puede ser la punta de lanza de un nuevo concepto de lucha social: internet.

¿Quién podía prever que la destitución de Jesús Cintora acabara resultando un fenómeno viral en Twitter contra Mediaset? Quizá es la comodidad de poder unirnos desde el sofá o quizá que hemos encontrado otra forma de hacerlo; sea como sea, el hecho incontestable es que lo que ocurre en las redes sociales se escucha por empresarios, políticos y periodistas y acaba teniendo un reflejo –todavía tímido- en la vida real.

El hashtag contra Mediaset y contra sus anunciantes trending topic durante más de una semana, además de agriarle algún que otro aperitivo al señor Vasile, avisa a los herederos de Lara de que no se les pase por la cabeza quitarnos Salvados o limitar las libertades de su equipo. Lo que comenzó siendo un ciber apoyo a los trabajadores de Coca Cola a través de la etiqueta #Cocacolaenlucha ha terminado teniendo reflejo en la vida política: “Si aquí no se fabrica, aquí no se consume”, decía  Luis García Montero para anunciar que no habrá Coca Cola en el concierto que Sabina, Miguel Ríos y otros tantos artistas e intelectuales ofrecerán en apoyo a su candidatura el próximo 26 de abril. El perdón del Ministro Morenés a Zaida, la casa para Carmen, el metro de Valencia, el TTIP…  Algo ha empezado a cambiar.


Hemos empezado a movernos, pero esto es sólo el principio, debe ser sólo el principio de una nueva forma de mostrar y demostrar nuestro poder y nuestras preferencias, de votar con los pies pero sin irnos de España.

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