domingo, 12 de julio de 2015

Nunca jugué a fútbol

Nunca jugué a fútbol, nunca me atreví a intentarlo. Siempre encontré una excusa para quedarme sentado junto a la línea blanca.
Ya nunca sabré que hubiera ocurrido si por una vez, por una sola vez, me hubiera atrevido a cruzar la banda. 

Quizá hubiera disfrutado, quizá no.

Quizá hubiera sido bueno, quizá no.

Tal vez hubiese sido mediocre, tal vez lo suficiente para pasar desapercibido y no ser el que no jugaba a fútbol.

Pero de algún modo, por alguna incomprensible razón, todos habían dado por hecho que yo no podía jugar bien a fútbol. Y yo me lo creí.

No tuve valor para saltar al campo pero tampoco tuve ayuda. Nadie me tendió la mano, nadie me ofreció el balón desde dentro del campo. Nadie puso un poco de luz en aquellas mañanas grises.

Y yo, cometí la torpeza de pensar, de creer, que si no valía para jugar a fútbol tampoco para saltar al río desde la roca más alta, para colarme en la casa azul por la ventana, para cruzar la carretera por el estrecho túnel de la alcantarilla, para pasear por la cornisa de la iglesia con los ojos cerrados, para que mis zapatillas fuera las más bonitas de la clase…

Crecí apartado de gran parte de las cosas que a un niño le hacen feliz; de las cosas que le preparan para la vida sin darse cuenta; de las cosas que le construyen jugando…

Acabé aceptando que fui yo quien no me atreví a saltar, quien no supo salir de su zona de confort.
 
¿Qué puede encerrar la mente de un niño para boicotear la infancia de otro? ¿Qué sucios residuos han tenido que verter sobre ellas sus adultos? ¿Qué nociva sustancia recibió la mía para aceptar todo aquello?
   
Hoy tengo 33 años y tengo miedo a quedarme encerrado en un avión, a que se pare el ascensor; miedo a morir degollado a manos de un yihadista, a morir ahogado o asfixiado; a quedar sepultado por una multitud en un concierto; a sumergirme en el mar; a dejar de ver tierra cuando estoy en un barco…

Quizá son cosas inconexas, quizá no.

Quizá de algún modo aquellos partidos no jugados y lo que trajeron y no trajeron después, han quedado tatuados bajo la piel esperando a ser rescatados por alguien; por mí, por quién si no…

Ahora ya da igual si los miedos de hoy nacieron ayer, ahora lo que importa es curarlos.

Ahora, hoy y no mañana,  es el momento de romper esa tóxica espiral.

Ahora toca -te toca, nos toca-, dejar la impaciencia en el felpudo antes de entrar a casa; guardar el perfeccionismo para el trabajo, no para nuestros hogares; ahuyentar la rigidez; aparcar las frustraciones en la boca del metro; meter los complejos bajo el colchón y encerrar las envidias en la caja de los recuerdos del bachillerato con un gran cartel que rece: mantener fuera del alcance de los niños...

Hoy toca limpiarse de esos negros vertidos para no seguir vertiendo; para que no haya más niños que se queden sentados, para que no haya más niños que no tiendan la mano.    

12 comentarios:

  1. Como siempre sin poder comentar nada, simplemente, ojala esto fuera realizado a diario por esta sociedad.....
    que formamos todos, aunque nos pese a veces. P.A.V.A.

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    1. No solemos darnos cuenta de la importancia de nuestros actos sobre la personalidad de los niños hasta que es demasiado tarde; no obstante, como dice un pasaje de la Biblia (creo): "el amor todo lo cura" ;-)
      Muchas gracias P.A.V.A. ;-)

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  2. Valiente no es quien no tiene miedos, sino quien lucha por superarlos

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    1. Y para apreciar la luz hay que conocer la oscuridad; de eso se trata, de sacar partido a cada experiencia vivida.
      Muchas gracias por seguir formando parte de este faro ;-)
      Un abrazo

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  3. Se me ha encogido el corazón leyéndolo. Qué te puedo decir... Que afortunadamente, a día de hoy, el tiempo ha puesto en su sitio a esos niños. Piensa en Bertrand Russell, que siempre se consideró un niño infeliz. Vivió 98 años y tuvo una vida adulta plena y según el féliz. Un abrazo Raúl!!!

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    1. Que gran "todo" (porque era de todo y todo bueno jeje) Russell!!!! Así es, una infancia difícil no es sinónimo de una vida infeliz, no al menos en mi caso. Además, yo no jugué a fútbol pero sí disfruté con otras muchas cosas; disfruté, por ejemplo, de los paseos en bicicleta por la ribera de mi pueblo acompañado de mi Hada Madrina ;-)
      ¡Un abrazo!

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  4. Perdón por la falta de ortografía. Rectifico: "según él féliz"

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    1. Sólo quien se atreve a intentarlo (y a exponerse) puede cometer incorrecciones...

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  5. Solo se me ocurre decir que TODOS deberíamos intentar ser mejores personas cada día, preocupándonos y ocupándonos por las cosas verdaderamente importantes. Y entre ellas, qué duda cabe, está la de intentar hacer un poco más felices a quienes nos rodean y nos importan.
    Creo que el aislamiento social (incluso cuando es potenciado y buscado por uno mismo) no es recomendable para nada ni para nadie. Pero cuando ese rechazo, ese desprecio, se proyecta sobre un niño...

    "Los niños son muy egoistas y muy crueles" decimos a menudo. Pero está en nuestras manos, como adultos que vivimos en sociedad, intentar que estos comportamientos dejen de ser habituales en los patios de nuestros colegios.

    Saludos amigo.
    Y perdón.

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    1. Completamente de acuerdo Paco. Creo que son (o somos) muchos los que miramos hacia otra parte: padres, profesores, monitores, educadores... La tolerancia ante este tipo de cosas debería ser cero.

      Un abrazo Paco!

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  6. Hola Raúl:

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Los "pequeños" desafíos que afrontamos cuando somos niños, son completamente necesarios para forjar nuestra personalidad. Ya sea por la indecisión de un chaval, o porque haya sido sobreprotegido por sus seres queridos, ésto influirá negativamente sobre su desarrollo, pues se cuidará muy mucho de fracasar, y dejará de hacer muchas cosas por ese miedo cerval a equivocarse. Aunque poco importan ya las causas, hay que afrontar esos miedos y tratar de superar las adversidades sin temor a errar.

    Gran post. ¡Saludos!

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    1. Muchas gracias. Como dices, lo importante es vivir sin miedo aunque a veces sea necesario indagar en él para saber de dónde nace y poder curarlo.

      Un fuerte abrazo. Nos leemos ;-)

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