lunes, 7 de septiembre de 2015

Un faro en el mar


Somos capaces de recordar el día que aprendimos a montar en bicicleta; el lugar exacto en el cual, por primera vez, nos soltamos, nos soltaron, nos dejamos llevar y recorrimos nuestros primeros metros solos.

Como si fuera una película a cámara lenta, somos capaces de revivir cada segundo de aquella tarde en la que el sol, ya cansado de esperar, no vio cómo nos sumergíamos en la piscina desafiando a la gravedad; por primera vez, sintiendo el agua primero en la cabeza, después en los hombros y poco a poco recorriendo todo nuestro cuerpo para invitar a los pies a experimentar la extraña sensación de ser los últimos en llegar. 

Podríamos acertar la temperatura exacta, la ropa que nos sobraba y las personas que se cruzaron en nuestro camino la tarde en la que nos dimos nuestro primer beso.

El primer viaje en avión, la primera entrevista de trabajo, el último examen, el primero.

La primera vez que nos desnudamos por amor, la primera que lo hicimos por sexo. La primera vez que vimos el mar o la nieve, la primera que nos bañamos sin ropa en aguas saladas. La primera despedida. 

Llevamos tatuados en el alma buena parte de nuestros pasos, sin embargo, somos incapaces de saber el momento exacto en el que perdimos el control nuestra vida. 

Nadie, hasta que no ha pasado la tormenta, llega a comprender en qué momento soltó el timón. Cuando entendemos que estamos en peligro ya es demasiado tarde. Solo cuando naufragamos entendemos que estábamos a la deriva; solo cuando el agua lo inunda todo entendemos que sin darnos cuenta nos habíamos adentrado en medio de una tormenta.

Y cuando eso ocurre, cuando una marea llega, no hay nada que podamos hacer para detenerla, para pararla. Ella decide cuándo llega y ella decide cuándo se va.


Y ese día, sólo ese día, sólo siendo náufragos que vuelven a pisar de nuevo tierra firme, entendemos lo valioso que es contar con un faro cuando uno se pierde en el mar. 

2 comentarios:

  1. Se echaba de menos este faro, tan necesario en estos tiempos de zozobra en nuestro querido Mare Nostrum. Cuna de civilizaciones pero también de guerras y grandes tragedias.
    Saludos, amigo.

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    1. Muchas gracias Paco. Cierto; vaya imágenes está teniendo que soportar nuestro Mediterráneo por los caprichos de una civilización a la que el nombre -civilización- se le queda grande...
      Un abrazo!

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