domingo, 4 de octubre de 2015

La maleta de Belinda

En el número 2 de la Rue Victor Hugo de París, en el séptimo piso, un ejemplar de la primera edición de Cuentos de Eva Luna preside la biblioteca de Guillaume y Matilde. En él se encontraron y en él se reencuentran cada  vez que se pierden: el uno, la otra, o lo dos.

Más que por admiración, la llamaron Belinda con el deseo de que su hija viajara por el mundo dejando una mágica estela a su paso. Pensaron, que si tejían en ella las asombrosas alas del universo de Isabel Allende conseguirían espantar la vulgaridad de su primogénita.

Pero los días pasaban y a medida que su hija se hacía mujer, Guillaume y Matilde comprobaban con resignación como su plan naufragaba antes de salir de puerto.  Belinda se convirtió en una persona normal y corriente con una única extravagancia: portaba unas enormes alas que no servían para volar pero que lastraban el camino que todavía no había sido emprendido.

A Belinda le hubiera gustado tener piel de cristal, ojos transparentes y la llave que abre los sueños. Le hubiera gustado haber podido honrar a sus padres contando con alguna admirable cualidad que hubiera girado cabezas y despertado susurros a su paso; pero no portaba aura de magia o misterio alguno.

Consciente de las pretensiones de sus progenitores y sabedora de su mediocridad, el día que cumplió dieciocho años decidió que algo tenía que hacer con aquella insoportable mochila que le habían cargado mucho antes de llegar a este mundo. Carente de una idea mejor, no supo hacer nada más que lo que hace la gente vulgar –se reprochó-: imitar.

Llenó una maleta con cientos de mensajes y partió sin despedirse. Como el personaje que inspiró su nombre iría por el mundo regalando palabras.


PERDÓN, AMAR, AHORA TÚ, REDENCIÓN, ACEPTA, DESDÉN, CAOS, IMPROVISA, RABIA, DUDAR, NAUFRAGAR, EL FARO, LA OSCURIDAD, ERES TÚ, SALTA, RETIRATÉ, PERDONA…

Se despidió de las calles de París paseando tranquila hasta la Gare de Lyon donde pidió que le diesen un billete a cualquier lugar con mar.

-Pero sabrá usted donde quiere ir –le preguntó el expendedor.

-Sí, a cualquier lugar con mar. Iré donde usted decida que tengo que ir –respondió sin saber muy bien a qué se debía aquella repentina manera de improvisar.

Subió al tren con la única certeza de que empezaba un camino desconocido e incierto, pero suyo.

Continuará…(el próximo lunes)
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No te pierdas a partir del próximo lunes el viaje de Belinda. Y recuerda, comparte en tus redes sociales este post e invítales a formar parte de esta aventura. 

2 comentarios:

  1. Como no podía ser de otra manera, la historia tiene muy buena pinta.
    Esperaremos la continuación el próximo lunes.

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    1. Muchas gracias Paco. Espero que disfrutes con las siguientes entregas; que disfrutes del viaje...

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