domingo, 29 de noviembre de 2015

Volar: el mensaje de Sofía

Antes de que llegaran, Sofía se juró que sería una madre paciente, una madre tranquila, una madre serena. Se juró, que escucharía a sus hijos y se dejaría llevar ligera por el cauce de la vida como una compañera de viaje, un apoyo, una mano a la que agarrase si ellos lo estimaban oportuno.

Pero Sofía, no midió las consecuencias de levantarse a mitad de noche para ver si Martín y Valentina seguían bien la primera vez que durmieron solos. No midió las consecuencias de seguir haciéndolo cada noche hasta que fueron sus propios hijos los que le exigieron que dejara de hacerlo.

Sofía no valoró otra opción, quiso ser ella quien los llevara al colegio en su primer día de escuela; y quiso seguir haciéndolo cada día durante doce años aunque eso implicara tener que mendigar el favor de su jefe y soportar las críticas de sus compañeros. Sólo viéndolos entrar, solo viéndolo ella, podía pasar el día tranquila.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Perdón, el mensaje de Jacinto

Jacinto lo entendió en el mismo momento en el que Belinda le regaló su palabra. No en vano, Jacinto llevaba más de media vida buscando sin suerte aquellas seis letras.

Ocurrió como ocurren las cosas importantes: el día menos pensado.

El día menos pensado tuvo lugar un 25 de febrero; el día, en cual Jacinto celebraba que ya eran 72 primaveras las que cargaba a sus espaldas.

Como todos los años, se citó a comer con sus tres hijos, sus tres nueras y sus siete nietos en el mismo restaurante de los últimos cuarenta años. El mismo restaurante, la misma compañía, la misma ausencia y el mismo menú. Caldo y ternasco asado, vino tinto para los adultos y agua para los niños y para él; Jacinto dejó de beber vino el día que encontró muerta a su mujer hacía ya más de treinta años.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Regresar: el mensaje de Julián.

Cuando Julián dejó la casa de sus padres no metió en el equipaje el sueño de una casa en Notting Hill, ni una oficina con vistas al Támesis.
No soñó con chimeneas, ni soñó con un vinilo de los Beatles sonando en una buhardilla enmoquetada. No soñó con encontrarse por sorpresa con ese músico al que tanto admiraba una tarde cualquiera en Camden Town, ni soñó con mañanas de domingo montando a caballo en High Park. 

Julián llegó a Londres con un cuarto de maleta cargada de esperanza pero más de la mitad cargada de realismo.

lunes, 9 de noviembre de 2015

9 de noviembre, el mensaje de Cecilia

Si hubiera podido elegir, le hubiera gustado tener el pelo cano y una de esas melenas desairadas que tan bien sientan a algunos hombres.

No hubiera pedido ser más alto, ni más delgado, ni siquiera más guapo; pero sí hubiera elegido un rostro más amable y unas manos menos toscas.

También, habría cambiado el ceño fruncido por una espontánea sonrisa; sus torpes oídos por unos afinados; y aquella aséptica mirada por una capaz de disfrutar del arte.

Y puestos a pedir, hubiera pedido despojarse de su mal genio; desterrarlo de una vez por todas a las antípodas de su vida y de la su mujer.  

Pero lo cierto es que no pudo elegir y cada día convivía con una negra y rígida cabellera, unas  manos zafias y un pronto que anegaba cualquier rastro de paz.

No pudo elegir porque fue a nacer en un lugar y en un tiempo donde vivir no importaba, sólo importaba sobrevivir. Nadie le enseñó a hablar, no con el corazón. Nunca un abrazo, nunca un susurro, nunca un pedazo de amor improvisado en forma de palabra.

Por eso, cuando una mañana descubrió que alguien le había dejado en el limpia parabrisas un trozo de papel que decía “Escríbelo”, tuvo una revelación. Entendió que aquello era un regalo providencial, una señal divina; tal vez una obviedad, pero que él, no había sido capaz de descifrar solo.

No pudo esperar a la noche, comenzó a escribir en aquel mismo instante sentado en el coche, en cada semáforo en rojo; en el metro, en la fila para el ascensor, en la hora del café… Escribir en papeles nuevos, en papeles usados, en servilletas y hasta escribir sin papel.

Escribir para dar rienda suelta a la ternura, a la locura, a la luz. Escribir para llegar, por primera vez en más de veinte años, al corazón de su mujer.

Y así, dibujando las palabras que no sabía pronunciar, empezó a convertir la casa que habitaban en un hogar donde vivir; empezó a crear un mundo de gardenias y tangos para su esposa en forma de cartas y poemas.

Cartas escritas por un hombre que sufre en silencio, un hombre de pelo cano y ternura en las manos. Cartas llenas de poesía, que a ella, le han devuelto la alegría. Cartas acompañadas de flores cuando es primavera y flores sin tarjeta si es nueve de noviembre; si son violetas…

domingo, 1 de noviembre de 2015

Encender la vida: el mensaje de Daniela

Daniela conoció muy pronto las miserias de los seres humanos, las atrocidades que un hombre o una mujer pueden llegar a cometer. 

Por eso, Daniela, en lugar de guardar recuerdos amables guardaba un pedazo de cada herida en las baldas del cuarto de estar: una colilla, las cenizas de un ser querido, un perfume que evocaba agrias vivencias, una botella rota o el recorte un periódico en la sección de sucesos decoraban la estancia principal de su hogar.

No guardaba para recordar, guardaba para no olvidar. Para no olvidar que donde hay luz hubo oscuridad, que donde hay plenitud hubo ausencia, que donde hay vida hubo muerte…

Daniela no recordaba, pero para no olvidar: guardaba.