lunes, 9 de noviembre de 2015

9 de noviembre, el mensaje de Cecilia

Si hubiera podido elegir, le hubiera gustado tener el pelo cano y una de esas melenas desairadas que tan bien sientan a algunos hombres.

No hubiera pedido ser más alto, ni más delgado, ni siquiera más guapo; pero sí hubiera elegido un rostro más amable y unas manos menos toscas.

También, habría cambiado el ceño fruncido por una espontánea sonrisa; sus torpes oídos por unos afinados; y aquella aséptica mirada por una capaz de disfrutar del arte.

Y puestos a pedir, hubiera pedido despojarse de su mal genio; desterrarlo de una vez por todas a las antípodas de su vida y de la su mujer.  

Pero lo cierto es que no pudo elegir y cada día convivía con una negra y rígida cabellera, unas  manos zafias y un pronto que anegaba cualquier rastro de paz.

No pudo elegir porque fue a nacer en un lugar y en un tiempo donde vivir no importaba, sólo importaba sobrevivir. Nadie le enseñó a hablar, no con el corazón. Nunca un abrazo, nunca un susurro, nunca un pedazo de amor improvisado en forma de palabra.

Por eso, cuando una mañana descubrió que alguien le había dejado en el limpia parabrisas un trozo de papel que decía “Escríbelo”, tuvo una revelación. Entendió que aquello era un regalo providencial, una señal divina; tal vez una obviedad, pero que él, no había sido capaz de descifrar solo.

No pudo esperar a la noche, comenzó a escribir en aquel mismo instante sentado en el coche, en cada semáforo en rojo; en el metro, en la fila para el ascensor, en la hora del café… Escribir en papeles nuevos, en papeles usados, en servilletas y hasta escribir sin papel.

Escribir para dar rienda suelta a la ternura, a la locura, a la luz. Escribir para llegar, por primera vez en más de veinte años, al corazón de su mujer.

Y así, dibujando las palabras que no sabía pronunciar, empezó a convertir la casa que habitaban en un hogar donde vivir; empezó a crear un mundo de gardenias y tangos para su esposa en forma de cartas y poemas.

Cartas escritas por un hombre que sufre en silencio, un hombre de pelo cano y ternura en las manos. Cartas llenas de poesía, que a ella, le han devuelto la alegría. Cartas acompañadas de flores cuando es primavera y flores sin tarjeta si es nueve de noviembre; si son violetas…

3 comentarios:

  1. Cierto. Es una de esas fechas que todos tenemos en la cabeza (al menos todos los que ya hemos arrancado más hojas del calendario de las que nos quedan por ver), gracias a esa inolvidable canción.
    Esperemos que el recuerdo permanezca inalterado e inalterable, y que a partir de ahora este día no sea recordado por acontecimientos político-económicos-sentimentales-oportunistas.
    Una vez más ¡malditas casualidades!
    Un saludo, amigo.

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    1. Paco, afortunadamente que ciertos poemas (convertidos en canción) consiguen traspasar los límites del calendario y nos ayudan a llevar lunes como el pasado o como éste...
      ¡Un abrazo en este gris comienzo de semana!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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